EMILIO SALGARI
Sandokán - 1900
6/10
[mr.camping]
“-¡Perdón! ¡Perdón! –balbució el pobre sargento, que vio sobre sí la punta del sable.
- ¡Te perdono la vida! –dijo Sandokán.
- ¿Puedo creerlo?
- El Tigre de Malasia no promete nada en vano. Levántate y escúchame…
El Sargento se enderezó todo tembloroso, mirando a Sandokán con ojos asustados.
- ¡Diga!
- He dicho que te perdono la vida; pero debes contestar a las preguntas que voy a hacerte.
- ¡Diga! –repitió.
- ¿Hacia dónde creen que voy huyendo?
- Hacia la costa occidental.
- ¿Cuántos hombres van en mi persecución?
- No puedo decírtelo; sería una traición.
- Es verdad, no te lo reprocho; al contrario, lo aprecio.
El sargento miró asombrado.
- ¿Qué clase de hombre es usted? –le preguntó-. Lo creía un miserable asesino y ahora veo que todos se equivocan.”
- ¡Te perdono la vida! –dijo Sandokán.
- ¿Puedo creerlo?
- El Tigre de Malasia no promete nada en vano. Levántate y escúchame…
El Sargento se enderezó todo tembloroso, mirando a Sandokán con ojos asustados.
- ¡Diga!
- He dicho que te perdono la vida; pero debes contestar a las preguntas que voy a hacerte.
- ¡Diga! –repitió.
- ¿Hacia dónde creen que voy huyendo?
- Hacia la costa occidental.
- ¿Cuántos hombres van en mi persecución?
- No puedo decírtelo; sería una traición.
- Es verdad, no te lo reprocho; al contrario, lo aprecio.
El sargento miró asombrado.
- ¿Qué clase de hombre es usted? –le preguntó-. Lo creía un miserable asesino y ahora veo que todos se equivocan.”
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