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lunes, 3 de septiembre de 2012

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ROBERTO BOLAÑO    
Llamadas telefónicas - 1997

  

8/10
[mr.kamping]


“Una aventura literaria.
B escribe un libro en donde se burla, bajo máscaras diversas, de ciertos escritores, aunque más  ajustado sería decir de ciertos arquetipos de escritores. En uno de los relatos aborda la figura de A, un  autor de su misma edad pero que a diferencia de él es famoso, tiene dinero, es leído, las mayores  ambiciones (y en ese orden) a las que puede aspirar un hombre de letras. B no es famoso ni tiene  dinero y sus poemas se imprimen en revistas minoritarias. Sin embargo entre A y B no todo son  diferencias. Ambos provienen de familias de la pequeña burguesía o de un proletariado más o menos  acomodado. Ambos son de izquierdas, comparten una parecida curiosidad intelectual, las mismas  carencias educativas. La meteórica carrera de A, sin embargo, ha dado a sus escritos un aire de  gazmoñería que a B, lector ávido, le parece insoportable. A, al principio desde los periódicos pero  cada vez más a menudo desde las páginas de sus  nuevos libros, pontifica sobre todo lo existente,  humano o divino, con pesadez académica, con el talante de quien se ha servido de la literatura para  alcanzar una posición social, una respetabilidad, y desde su torre de nuevo rico dispara sobre todo  aquello que pudiera empañar el espejo en el que ahora se contempla, en el que ahora contempla el  mundo. Para B, en resumen, A se ha convertido en un meapilas.

martes, 7 de agosto de 2012

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ROBERTO BOLAÑO    
Los sinsabores del verdadero policía - 2011

  

7/10
[mr.kamping]


“Yo, pensó Amalfitano, que fui un niño inventivo, cariñoso y alegre, el más listo de mi preparatoria perdida en los lodazales y el más valiente de mi liceo perdido entre las montañas y la bruma, yo que fui el más cobarde de los adolescentes y que durante las tardes de combate con honda me dediqué a leer y a soñar reclinado sobre los mapas de mi libro de geografía, yo que aprendí a bailar el rock and roll y el twist, el bolero y el tango, pero no la cueca, aunque en más de una ocasión me lancé al centro de la ramada, pañuelo en riestre y jaleado por mi propia alma pues no tuve amigos en esa hora patria sino más bien enemigos, huasos puristas escandalizados por mi cueca con taconeo, la heterodoxia gratuita y suicida, yo que dormí las borracheras bajo un árbol y que conocí los ojos desamparados de la Carmencita Martínez, yo que nadé una tarde de tormenta en Las Ventanas, yo que preparaba el mejor café de mi departamento compartido con otros estudiantes en el centro de Santiago y mis compañeros (...).

lunes, 26 de septiembre de 2011

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ROBERTO BOLAÑO
Los detectives salvajes - 1998

9/10
[pompas]



“[...] Y entonces él dijo que le daba tristeza viajar y conocer el mundo sin mí, que siempre había pensado que yo iría con él a todas partes, y nombró países como Libia, Etiopía, Zaire, y ciudades como Barcelona, Florencia, Avignon, y entonces yo no pude sino preguntarle qué tenían que ver esos países con esas ciudades, y él dijo: todo, tienen que ver en todo, y yo le dije que cuando fuera bióloga ya tendría tiempo y además dinero, porque no pensaba dar la vuelta al mundo en autostop ni durmiendo en cualquier sitio, de ver esas ciudades y esos países. Y él entonces dijo: no pienso verlos, pienso vivir en ellos, tal como he vivido en México. Y yo le dije: pues allá tú, que seas feliz, vive en ellos y muérete en ellos si quieres, yo ya viajaré cuando tenga dinero. Entonces te faltará tiempo, dijo él. No me faltará tiempo, dije yo, al contrario, seré dueña de mi tiempo, haré con mi tiempo lo que me dé la gana. Y él dijo: ya no serás joven.[...]

domingo, 19 de junio de 2011

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ROBERTO BOLAÑO
El Tercer Reich - 2010

6/10
[mr.camping]



Por la ventana entra el rumor del mar mezclado con las risas de los últimos noctámbulos, un ruido que tal vez sea el de los camareros recogiendo las mesas de la terraza, de vez en cuando un coche que circula con lentitud por el Paseo Marítimo y zumbidos apagados e inidentificables que provienen de las otras habitaciones del hotel. Ingeborg duerme; su rostro semeja el de un ángel al que nada turba el sueño; sobre el velador hay un vaso de leche que no ha probado y que ahora debe estar caliente, y junto a su almohada, a medias cubierto por la sábana, un libro del investigador Florian Linden del que apenas ha leído un par de páginas antes de caer dormida. A mí me sucede todo lo contrario: el calor y el cansancio me quitan el sueño. Generalmente duermo bien, entre siete y ocho horas diarias, aunque muy raras veces me acuesto cansado. Por las mañanas despierto fresco como una lechuga y con una energía que no decae al cabo de ocho o diez horas de actividad. Que yo recuerde, así ha sido siempre; es parte de mi naturaleza. Nadie me lo ha inculcado, simplemente soy así y con esto no quiero sugerir que sea mejor o peor que otros; la misma Ingeborg, por ejemplo, que los sábados y domingos no se levanta hasta pasado el mediodía y durante la semana sólo una segunda taza de café –y un cigarrillo– consiguen despertarla del todo y empujarla hacia el trabajo. Esta noche, sin embargo, el cansancio y el calor me quitan el sueño. También, la voluntad de escribir, de consignar los acontecimientos del día, me impide meterme en la cama y apagar la luz.

lunes, 31 de enero de 2011

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ROBERTO BOLAÑO
Putas asesinas - 2001

8/10
[mr.camping]



Las mujeres son putas asesinas, Max, son monos ateridos de frío que contemplan el horizonte desde un árbol enfermo, son princesas que te buscan en la oscuridad, llorando, indagando las palabras que nunca podrán decir. En el equívoco vivimos y planeamos nuestros ciclos de vida.

sábado, 8 de enero de 2011

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ROBERTO BOLAÑO
Entre paréntesis - 2004

8/10
[mr.camping]



“Como ya tengo cuarentaicuatro años, voy a dar algunos consejos sobre el arte de escribir cuentos. 1) Nunca aborde los cuentos de uno en uno. Si uno aborda los cuentos de uno en uno, honestamente, uno puede estar escribiendo el mismo cuento hasta el día de su muerte. 2) Lo mejor es escribir los cuentos de tres en tres, o de cinco en cinco. Si se ve con energía suficiente, escríbalos de nueve en nueve o de quince en quince (...) 4) Hay que leer a Quiroga, hay que leer a Felisberto Hernández y hay que leer a Borges. Hay que leer a Rulfo y a Monterroso. Un cuentista que tenga un poco de aprecio por su obra no leerá jamás a Cela ni a Umbral. Sí que leerá a Cortázar y a Bioy Casares, pero en modo alguno a Cela y a Umbral. 5) Lo repito una vez más por si no ha quedado claro: a Cela y a Umbral, ni en pintura (...) 9) La verdad de la verdad es que con Edgar Allan Poe todos tendríamos de sobra. 10) Piensen en el punto número nueve. Piensen y reflexionen. Aún están a tiempo. Uno debe pensar en el nueve. De ser posible: de rodillas. 11) Libros y autores altamente recomendables: De lo sublime, el Seudo Longino; los sonetos del desdichado y valiente Philip Sidney, cuya biografía escribió Lord Brooke; La antología de Spoon River, de Edgar Lee Masters; Suicidios ejemplares, de Enrique Vila-Matas, y Mientras ellas duermen, de Javier Marías. 12) Lean estos libros y lean también a Chéjov y a Raymond Carver, uno de los dos es el mejor cuentista que ha dado este siglo.

martes, 28 de diciembre de 2010

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ROBERTO BOLAÑO

La Universidad Desconocida - 2007


7/10
[mr.camping]



Lee a los viejos poetas

Lee a los viejos poetas, hijo mío
y no te arrepentirás.
Entre las telarañas y las maderas podridas
de barcos varados en el Purgatorio
allí están ellos
¡cantando!
¡ridículos y heroicos!
Los viejos poetas
Palpitantes en sus ofrendas
Nómades abiertos en canal y ofrecidos
a la Nada
(pero ellos no viven en la Nada
sino en los Sueños)
Lee a los viejos poetas
y cuida sus libros
Es uno de los pocos consejos
que te puede dar tu padre.

Biblioteca

Libros que compro
Entre las extrañas lluvias
Y el calor
De 1992
Y que ya he leído
O que nunca leeré
Libros para que lea mi hijo
La biblioteca de Lautaro
Que deberá resistir
Otras lluvias
Y otros calores infernales
—Así pues, la consigna es ésta:
Resistid queridos libritos
Atravesad los días como caballeros medievales
Y cuidad de mi hijo
En los años venideros.

lunes, 4 de octubre de 2010

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ROBERTO BOLAÑO
El gaucho insufrible - 2003

7/10
[mr.camping]



La novela, evidentemente, era de carácter humorístico, y así lo entendieron los lectores, para sorpresa de Rousselot y de su editor: en tres meses se agotó la primera edición y al cabo de un año ya se habían vendido más de quince mil ejemplares. De la noche a la mañana el nombre de Rousselot saltó de la semipenumbra confortable al estrellato interino. No se lo tomó mal. Con el dinero ganado se pagó unas vacaciones en Punta del Este en compañía de su esposa y de su cuñada, donde se dedicó a leer En busca del tiempo perdido, a escondidas, pues a todo el mundo le había mentido que conocía a Proust y deseaba subsanar, mientras María Eugenia y su hermana retozaban en la orilla del mar, la mentira pero sobre todo la laguna que significaba no haber leído al más ilustre de los novelistas franceses.

miércoles, 10 de marzo de 2010

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ROBERTO BOLAÑO
2666 - 2004


8/10

[pompas]

“Hoensch dijo que la cultura era una cadena formada por eslabones de arte heroico y de interpretaciones supersticiosas. El joven erudito Popescu dijo que la cultura era un símbolo y que ese símbolo tenía la imagen de un salvavidas. La baronesa Von Zumpe dijo que la cultura era, básicamente, el placer, lo que proporcionaba y daba placer, y el resto sólo era charlatanería. El oficial de las SS dijo que la cultura era la llamada de la sangre, una llamada que se oía mejor de noche que de día, y además, dijo, era un descodificador del destino. El general Von Berenberg dijo que la cultura, para él, era Bach, y que con eso le bastaba. Uno de sus oficiales de estado mayor dijo que para él era Wagner y que a él también con eso le bastaba. El otro oficial de estado mayor dijo que para él la cultura era Goethe y que a él también, en coincidencia con lo expresado por su general, con eso le bastaba y en ocasiones le sobraba. La vida de un hombre sólo es comparable a la vida de otro hombre. La vida de un hombre, dijo, sólo alcanza para disfrutar a conciencia de la obra de otro hombre.”