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jueves, 8 de marzo de 2012

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STEFAN ZWEIG  
Carta de una desconocida / Leporella / El refugiado - 1922 / 1922 / 1918
  

7/10
[mr.kamping]


“Carta de una desconocida:
Mi hijo ha muerto ayer. Durante tres días y tres noches he estado luchando con la muerte, queriendo salvar esta pequeña y tierna vida, y durante cuarenta horas he permanecido sentada junto a su cama,  mientras la gripe  agitaba  su pobre cuerpo, ardiente de fiebre día y noche. Al final he caído desplomada. Mis ojos no podían ya más, y se me cerraban sin que yo me  diera cuenta. He dormido durante tres o cuatro horas en la dura silla, y mientras dormía se lo ha llevado la muerte. Ahora está allí ese pobre, ese querido niño, en su estrecha camita, tal como murió: únicamente le han cerrado los ojos, aquellos ojos suyos, oscuros e inteligentes; le han cruzado las manos sobre la camisa blanca, y cuatro velas arden a los costados de la cama.

lunes, 15 de marzo de 2010

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STEFAN ZWEIG
 
Momentos estelares de la humanidad. Catorce miniaturas históricas - 1927
 

7/10
[mr.camping]


“Ningún artista es durante las veinticuatro horas de su jornada diaria ininterrumpidamente artista. Todo lo que es esencial, todo lo que de duradero se consigue, se da siempre en los pocos y extraordinarios momentos de inspiración. Y lo mismo ocurre en la Historia, a la que admiramos como a la poetisa y la narradora más grande de todos los tiempos, pero que en modo alguna es una creadora constante. También en ese “misterioso taller de Dios”, como respetuosamente llamara Goethe a la historia, gran parte de lo que aquí ocurre es indiferente y trivial. También aquí, como en todos los ámbitos del arte y la vida, los momentos sublimes, inolvidables, son raros. La mayoría de las veces, en su calidad de cronista se limita a hilvanar, indolente y tenaz, punto por punto, un hecho tras otro en esa inmensa cadena que se extiende a lo largo de miles de años, pues toda crisis necesita un periodo de preparación y todo auténtico acontecimiento, un desarrollo. Los millones de hombres que conforma un pueblo son necesarios para que nazca un solo genio. Igualmente han de transcurrir millones de horas inútiles antes de que se produzca un momento estelar de la humanidad.

sábado, 27 de febrero de 2010

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STEFAN ZWEIG
 

Amok - 1922

7/10

[mr. camping]


Entonces, de un solo y profundo resuello, aspiró el aire fresco de la noche. De repente se sintió maravillosamente libre. Ya no sentía cólera, miedo, angustia, remordimiento ni ardor, sólo el aire fresco, frío de luna, lleno, hinchado por un viento suave que le recorría los labios. Fuerza, valor y reflexión apresurada circularon de nuevo por sus miembros: erguido, se sintió de nuevo coronel de Napoleón. Tranquilo y seguro, su pensamiento ascendió del pasado al futuro. El cadáver del soldado muerto precipitadamente en un arrebato de cólera ciega lo traicionó: en un instante se percató de ello. Cuando se inclinó sobre el rostro desencajado que, a la luz de insegura de la luna, parecía animado por una vida espectral, los vidriosos ojos le miraron fijamente con una siniestra expresión. Pero el coronel no sintió miedo ni contrición, ni siquiera el súbito estremecimiento del horror momentáneo. Sin miedo alguno cogió el cadáver, lo arrastró por los matorrales, que se doblaban a regañadientes, hasta el escondrijo que antes le había protegido a él y arrojó sin miramientos el pesado cuerpo en el suelo del bosque. Tomó aliento. Ninguna agitación palpitaba ya en su cuerpo, pero después de muchas horas terribles el cansancio y el abatimiento empezaban a hacer mella en él. La mañana ya no podía estar lejos, pues la luz de la luna ya pendía más pálida de los arbustos. De modo que abandonó el plan de huida por tardío. Y sin mediar sobre nuevas posibilidades, obedeciendo sólo a su fatiga, se echó al suelo, apenas a dos pasos del muerto. Y cayó profundamente dormido, como en los campos de batalla de Italia y Austria, en la soledad de la muerte..”