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martes, 20 de enero de 2015

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JOHN STEINBECK    
Viajes con Charley en busca de Estados Unidos - 2014

  

7/10
[mr.kamping]


-Piensa entonces usted que podríamos estar usando a los rusos como sustituto de una cosa distinta, de otras cosas.
-No lo pensaba ni mucho menos, señor, pero apuesto a que a partir de ahora lo pensaré. Verá, me acuerdo de cuando la gente le echaba la culpa de todo a Roosevelt. Andy Larsen se puso rojo de furia una vez despotricando contra Roosevelt cuando sus gallinas cogieron la peste aviar. Sí, señor –añadió con creciente entusiasmo- los rusos tienen mucho con lo que cargar. Un hombre se enfada con su mujer y va y les atiza a los rusos.
-Quizá todo el mundo necesite a los rusos. Apuesto a que hasta en Rusia necesitan rusos. Tal vez les llamen americanos.”

martes, 6 de marzo de 2012

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JOHN STEINBECK
Los hechos del rey Arturo y sus nobles caballeros - 1976
  

8/10
[mr.kamping]


“-He aquí el futuro -dijo la mujer. He aquí la muerte de la caballería.
-¿Qué quieres decir, señora mía? Este es un deporte de rústicos.
-Es verdad -dijo ella-. Pero dame a veinte de estos rústicos deportistas y puedo detener a veinte caballeros.
Le mostró entonces la mujer como una flecha puede atravesar la mejor armadura.
-Qué reflexión tan atroz -dijo sir Ewain-. Si hombres sin linaje pueden medirse con los que han nacido para el mando, la religión, el gobierno, el mundo se derrumbará en pedazos.
-Eso es lo que ocurrirá -dijo ella-. Eso es lo que ocurrirá.

sábado, 18 de junio de 2011

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JOHN STEINBECK
Tortilla Flat - 1935

7/10
[mr.camping]



“Dos garrafas son una buena cantidad de vino, incluso para dos paisanos. Espiritualmente, los tragos pueden graduarse así: justo bajo el gallote de la primera botella, conversación seria y reposada. Cuatro centímetros más abajo, tristes y dulces nostalgias. Cinco centímetros, recuerdos de viejos amores felices. Dos centímetros, recuerdos de viejos amores desdichados. Fondo de la primera botella, una vaga tristeza general. Gollete de la segunda botella, negro e impío abatimiento. Dos dedos más abajo, una canción sobre la muerte o la añoranza. Un pulgar, cualquier otra canción que uno conozca. Las graduaciones se detienen aquí porque se pierde todo rastro y ya no es posible ninguna certeza. A partir de este punto cualquier cosa puede ocurrir.

lunes, 8 de febrero de 2010

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JOHN STEINBECK
 

La perla - 1947

7/10

[mr. camping]


“Kino deslizó el cuchillo con habilidad por el borde de la concha hasta que el acero sintió la fuerza del músculo, entonces hizo palanca con la hoja y el músculo de cierre se partió y la ostra se abrió. La carne labiada se contrajo y luego se asentó. Kino la levantó con la hoja del cuchillo, y ahí estaba la gran perla, perfecta como la luna. La perla atrapaba la luz, la refinaba y la devolvía en una incandescencia de plata. Era tan grande como un huevo de gaviota. Era la perla más grande del mundo.
Juana contuvo el aliento y gimió un poco. Y, en el interior de Kino, la melodía secreta de la perla posible irrumpió clara y hermosa, rica y cálida y amable, intensa y feliz y triunfal. En la superficie de la gran perla veía formas de sueño. Separó la perla de la carne que moría y la sostuvo en la palma de la mano, la giró y vio que su curva era perfecta.

viernes, 4 de diciembre de 2009

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JOHN STEINBECK
Las uvas de la ira - 1939


10/10
[mr. camping]


"El tío John apareció con seis carretes de alambre en el carro. Se los cambió a Padre por un cochinillo. Nunca supimos de dónde había sacado el alambre.

- El tío John era un cabrón. Lo que hizo con aquel cochinillo….-rió entre dientes y sigó caminando.

Jim Casy esperó con impaciencia. La historia no continuaba.

Casy le dio tiempo antes de exigir, con cierta irritación:

- Bueno, ¿qué fue lo que hizo con el cochinillo?

Mató al cochinillo allí mismo y le dijo a Madre que encendiera el hogar. Cortó las chuletas de cerdo y las puso en la sartén y metió las costillas y una pierna en el horno. Comió chuletas hasta que las costillas estuvieron listas y costillas hasta que se hizo la pierna. Y entonces atacó la pierna, cortando grandes pedazos que se iba metiendo en la boca. Los chicos dábamos vueltas alrededor, mientras se nos hacía la boca agua, y él nos dio algunos trozos, pero no quiso darle nada a Padre. Al final comió tanto que vomitó y se quedó dormido. Mientras dormía, nosotros y padre nos acabamos la pierna. Pues bien, cuando tío John despertó por a mañana agarró la otra pierna y la metió en el horno. “John, ¿te vas a comer el maldito cerdo entero?”, le preguntó Padre. “Es lo que pretendo, Tom, pero temo que se va a echar a perder antes de que me lo pueda comer todo, a pesar de que estoy hambriento de cerdo. Quizá lo mejor sea que te cojas un plato y me devuelvas un par de rollos de alambre”, contestó. Bien, Padre no tiene un pelo de tonto. Dejó que John siguiera comiendo cerdo hasta que se puso malo, y cuando se marchó se había comido poco más de la mitad. “¿Por qué no lo salas?”, sugirió Padre. Pero no, el tío John no es de ésos; cuando le apetece cerdo quiere uno entero, y cuando ha terminado no quiere ver ningún resto de cerdo a su alrededor. Así que se fue y Padre saló lo que había quedado."