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sábado, 28 de abril de 2012

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CHARLES DICKENS 
David Copperfield - 1850
  

7/10
[mr.kamping]


Mi madre había dejado una pequeña colección de libros en una habitación del piso alto, a la que yo tenía acceso por estar anexa a la mía. Nadie en la casa se preocupaba por tal biblioteca. De aquel bendito cuarto salían como una espléndida hueste pronta a acompañarme, Roderick Random, Peregrine Pickle, Humphrey Clinker, Tom Jones, el Vicario de Wakefield, Don Quijote, Gil Blas y Robinsón Crusoe. Ellos alimentaban mi imaginación y mi esperanza en algo mejor que aquel sitio y aquella época: ellos y las Mil  una Noches y los cuentos  de hadas.  Ningún mal me causaban en contrapartida, porque cualquier mal que pudiesen contener era desconocido para mí.  Aún hoy me sorprende pensar cómo encontré tiempo, en medio de mis congojas y mi necesidad de estudiar  temas mucho más áridos, para leer aquellos libros. Y me resulta curioso evocar lo mucho que me consolaron en mis pequeñas tragedias (que eran muy grandes entonces para mí)  al permitirme incorporar mi individualidad en mis personajes favoritos y atribuir a los Murdstone  a los personajes más aviesos.

martes, 12 de octubre de 2010

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CHARLES DICKENS
Tiempos difíciles - 1854

8/10
[mr.camping]



“Era hombre rico: banquero, comerciante, fabricante y no sé cuántas cosas más. Grueso, vocinglero, de mirada penetrante y risa metálica. Parecía hecho de un material tosco que había sido estirado mucho para darle mayor volumen. De cabeza y frente grandes, voluminosas, con las venas de las sienes hinchadas y la piel de la cara tan tirante, que parecía que no le dejaba cerrar los ojos y que tiraba de sus cejas hacia arriba. Todo su aspecto producía el efecto de estar inflado como un globo y pronto a subir por los aires. Era un hombre que jamás creía haberse jactado lo suficiente de que era hijo de sus propias obras. Era un hombre que proclamaba constantemente, por la metálica trompeta parlante de su voz, su ignorancia de otros tiempos, su pobreza de otros tiempos. Era un hombre al que podría llamársele el fanfarrón de la humildad.