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lunes, 22 de marzo de 2010

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MOLIÈRE

Las preciosas ridículas - 1959 
La escuela de mujeres - 1662 
El casamiento forzoso - 1662

8/107/108/10
[mr.camping]
 

“ARNOLPHE.- Casarse con una boba no supone ser un bobo. Creo, como buen cristiano, que vuestra cara mitad es muy lista; mas se trata de mujer hábil y eso constituye un mal presagio; sé también el precio que pagan muchos por elegir las suyas con talento excesivo. No voy yo a cargar con una espiritual que no hable sino de reuniones y de estrados; que componga dulces escritos en prosa y verso, y la que visiten marqueses y finos ingenios, para, con el nombre de marido de madama, ¡convertirme en un santo al que nadie reza! No, no; no deseo tener a mi lado un espíritu elevado; y la mujer que escribe sabe demasiado. Quiero que la mía, poco rica en luces, no sepa siquiera lo que es una rima, para que cuando jueguen con ella en las tertulias y le pregunten: ¿Qué desea?, responda sin dudarlo: Una tarta de crema. En una palabra: que brille por su ignorancia. Para una mujer es suficiente, en pocas palabras, saber rezar a Dios, amar a su marido, coser e hilar.”

jueves, 11 de marzo de 2010

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MOLIÈRE

El médico a palos - 1666
Las mujeres sabihondas -1672
El enfermo imaginario - 1673


8/10

6/10
8/10
[mr.camping]

“SGANARELLE.-No; te digo que no quiero hacer eso, y que me corresponde a mí hablar y ser el amo.
MARTINA.-Y yo te digo que quiero que vivas como a mí me gusta y que no me he casado contigo para aguantar tus impertinencias.
SGANARELLE.-¡Oh, qué gran cansancio produce tener mujer! ¡Y cuánta razón tiene Aristóteles cuando dice que una mujer es peor que un demonio!
MARTINA.-¡Qué hombre más entendido con su bendito Aristóteles!
SGANARELLE.-Sí, un hombre entendido de veras. A ver dónde encuentras un leñador como yo, que sepa razonar así las cosas; que haya servido seis años a un médico famoso, y que haya aprendido en su infancia los rudimentos de la memoria.
MARTINA.-¡Malhaya este loco rematado!
SGANARELLE.-¡Malhaya la tiñosa!
MARTINA.-¡Malditos sean el día y la hora en que se me ocurrió darte el sí!
SGANARELLE.-¡Maldito sea el notario cornudo que me hizo firmar mi ruina!
MARTINA.-¡Que seas tú, precisamente, el que te quejes de matrimonio! ¿No debías estar en todo momento dándole gracias al cielo por tenerme como esposa? ¿Merecías haberte casado con una persona como yo?
SGANARELLE.-Es bien cierto que me hiciste demasiado honor y que tuve ocasión de celebrarlo la noche de bodas. ¡Eh! No me hagas hablar de ciertas cosas. Puesto que a lo mejor, diría ciertas cosas que...
MARTINA.-¿A qué llamas tú ser muy dichosa encontrándote? ¡Un hombre que me lleva al hospital, un libertino, un traidor que se come todo lo que yo tengo!
SGANARELLE.-Mientes; me bebo sólo una parte.
MARTINA.-¡Que me vende, pingo por pingo, todo lo que hay en casa!
SGANARELLE.-Eso no es más que ser casero.
MARTINA.-¡Que me ha quitado hasta la cama que tenía!
SGANARELLE.-Así te levantas más temprano.
MARTINA.-¡Que no deja, en fin, un solo mueble en toda la casa!
SGANARELLE.-Así puede uno mudarse con más facilidad.
MARTINA.-¡Y que desde la mañana hasta la noche no hace más que beber!
SGANARELLE.-Lo hago para no aburrirme.”

sábado, 6 de febrero de 2010

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MOLIÈRE

El Tartufo - 1664


8/10

[mr. camping]


“CLEANTRO.-¿Cómo? ¿Pretendéis, señora, que la gente no hable? Cosa enojosa sería en la vida que, si por no andar uno envuelto en los chismes del prójimo, hubiera uno de renunciar a sus mejores amigos. Y aun cuando se decidiera uno a hacerlo, ¿creeríais poder obligar a todo el mundo a callar? No hay valladar contra la maledicencia. No hagamos caso de necias murmuraciones. ¡Esmerémonos nosotros en vivir honestamente y allá los chismosos! DORINA.-¿No serán acaso Daphne, vuestra vecina, y su maridito los que hablan mal de nosotros? Aquéllos cuya conducta más mueve a risa son siempre los primeros en murmurar del prójimo. La menos cosa les basta para murmurar un idilio amoroso. Les falta tiempo entonces para difundir la nueva todo alborozados, dándose el cariz que a ellos se les antoja. Así, con las acciones de los demás, presentadas como a ellos les parece, piensan justificar sus propias intrigas y hacer que recaigan en los demás algunas de las críticas con que los castiga a ellos la opinión pública.