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domingo, 23 de septiembre de 2012

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JOHN FANTE    
Espera a la primavera, Bandini - 1938

  

7/10
[mr.kamping]


Dio cane. Dio cane.
Quiere decir que Dios es un perro y Svevo se lo decía a la nieve.¿Por qué habría perdido diez dólares aquella noche en una partida de póquer en los Billares Imperial? Era muy pobre y tenía tres hijos, y no había pagado los macarrones, ni la casa en que estaban los tres hijos y los macarrones. Dios es un perro. Svevo Bandini tenía una esposa que no decía nunca: dame dinero para dar de comer a los niños, pero tenía una esposa de ojos grandes y negros que el amor encendía hasta el empalago, unos ojos muy suyos que le escrutaban furtivamente la boca, las orejas, el estómago y los bolsillos. La astucia de aquellos ojos era triste, pues siempre sabían cuándo le había ido bien en los Billares Imperial. ¡ Vaya ojos para una esposa! Veían todo lo que él era y esperaba ser, pero su alma jamás.

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JOHN FANTE    
Pregúntale al polvo - 1939

  

7/10
[mr.kamping]


“Cierta noche me encontraba sentado en la cama de la habitación de la pensión de Bunker Hill en que me hospedaba, en el centro mismo de Los Ángeles. Era una noche de importancia vital para mí, ya que tenía que tomar una decisión relativa a la pensión. O pagaba o me iba: es lo que decía la nota, la nota que la dueña me había deslizado por debajo de la puerta. Un problema relevante, merecedor de una atención enorme. Lo resolví apagando la luz y echándome a dormir.
Cuando desperté por la mañana, me dije que tenía que hacer más ejercicio y comencé en el acto. Practiqué varias flexiones. Luego me cepillé los dientes, noté el sabor de la sangre, vi una mota sonrosada en el cepillo, me acordé de los anuncios y resolví bajar a la calle y tomar un café.

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JOHN FANTE    
Llenos de vida - 1952

  

7/10
[mr.kamping]


“La casa tenía cuatro dormitorios. Era una casa bonita. Tenía una valla de madera alrededor. El tejado era a dos aguas y muy empinado. Entre la puerta de la calle y la puerta de la casa corría un pasillo de rosales. Un amplio arco de terracota cubría la entrada principal. En la puerta había una sólida aldaba de bronce. El número de la vivienda era el 37, mi número de la suerte. A menudo cruzaba la calle y me la quedaba mirando boquiabierto.
¡Mi casa! Cuatro dormitorios. Espacio. Dos ya estábamos instalados y otro venía de camino. Al final serían siete. Era mi sueño. Un hombre de treinta años aún estaba en condiciones de tener siete hijos. Joyce tenía veinticuatro. Un niño cada dos años. Llega uno, faltan seis. ¡Qué bello era el mundo! ¡Qué vasto el firmamento! ¡Qué rico el soñador! Naturalmente, tendríamos que añadir un par de habitaciones.

sábado, 22 de septiembre de 2012

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JOHN FANTE    
Un año pésimo - 1985

  

7/10
[mr.kamping]


“Se acercó un coche y salió a ponerle gasolina. Recogí el dinero y volví junto a la hormigonera. Estaba abollada y magullada como las manos de mi padre, era parte de su vida y poseía una extraña antigüedad, como si procediera de un país muy lejano, de Torricella Peligna. La rodeé con los brazos y le estampé un beso, y lloré por mi padre y por todos los padres, y también por los hijos, por estar vivos en aquellos tiempos, y por mí mismo, porque ahora tenía que irme a California, no tenía elección, y tenía que quedar bien.