miércoles, 23 de diciembre de 2009

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F. SCOTT FITZGERALD
El último magnate - 1941


7/10
[pompas]


" - Ahí tiene un escritor - dijo -. Lo sabe todo y al mismo tiempo no sabe nada.
- ¿Qué quieres decir con eso? - saltó Wylie, indignado.

Era la primera noticia que tenía de que él fuese escritor. A pesar de gustarme los escritores - porque cuando se les pregunta algo siempre dan una respuesta -, esto lo hizo desmerecer ante mis ojos. Un escritor no es exactamente una persona. Si es bueno, será muchas personas esforzándose en ser una sola. Sucede como con los actores, que en vano intentan no mirarse en los espejos y se echan hacia atrás... únicamente para ver sus rostros reflejados en las arañas de luces.

- ¿No son así los escritores, Celia? - preguntó Schwartz -. Me faltan palabras para describirlos. Pero sé que estoy en lo cierto.

Wylie lo miró con lenta y contenida furia."

martes, 22 de diciembre de 2009

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IAN McEWAN
Chesil Beach - 2008


7/10
[mr.camping]


"Tan sólo medio minuto antes se había enorgullecido de dominar sus sentidos y aparentar calma. Pero ahora fue incapaz de reprimir su repugnancia primaria, su horror visceral a que la rociara el líquido, el limo de otro cuerpo. En cuestión de segundos, la brisa del mar había enfriado el fluido sobre su piel, y sin embargo, como ella preveía, parecía quemarla. Nada en su ser habría podido contener aquel grito de repulsión, instantáneo. Sentirlo circular por su piel en regueros gruesos, sentir su ajeno espesor lechoso, su íntimo olor almidonado, que arrastraba consigo el hedor de un secreto vergonzoso encerrado en una reclusión mohosa…, no pudo evitarlo, tenía que deshacerse de aquello. Mientras Edward se encogía ante ella, Florence se volvió y se puso de rodillas, agarró una almohada de debajo de la colcha y se limpió frenéticamente. Al hacerlo sabía lo aborrecible, lo descortés que era su conducta, sabía que agravaba la desdicha de Edward ver la desesperación con que ella se eliminaba de la piel aquella parte de él mismo. Y de hecho no era tan fácil. Se adhería al esparcirlo, y en algunas partes se le estaba ya secando como una pasta agrietada. Eran dos personas: una, exasperada, que se restregaba con la almohada, y la otra que al verlo se detestaba por su comportamiento. Era insoportable que él la observase, que viese a la mujer despiadada e histérica con la que había cometido la estupidez de casarse. Ella podía odiarle por lo que él estaba presenciando y nunca olvidaría."

lunes, 21 de diciembre de 2009

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ALFREDO BRYCE ECHENIQUE

El huerto de mi amada - 2002


7/10
[mr.camping]


"Carlitos Alegre jamás se fijó absolutamente en nada, ni siquiera en la calle de la Amargura o en la casona de ese amarillo demolible, o en el balcón del Prado, muchísimo menos en lo de la antigüedad y la clase, y a Consuelo ni siquiera la veía, lo cual sí les jodía a los hermanos Céspedes, pero eso les pasa por interesados y tan trepadores y a su edad. Y Carlitos Alegre no se fijaba nunca en nada, ni siquiera en que había nacido en una acaudalada familia de padres e hijos dermatólogos de gran prestigio, y mucho menos en que su ferviente y rotundo catolicismo lo convertía en una persona totalmente inmune a los prejuicios de aquella Lima de los años cincuenta en que había egresado en el colegio Markham y se preparaba para ingresar en la universidad y seguir la misma carrera en la que su padre y su abuelo paterno habían alcanzado un reconocimiento que iba más allá de nuestras fronteras.
Carlitos Alegre jamás se fijó absolutamente en nada, ni siquiera en que tenía dos preciosas hermanas menores, Cristi y Marisol, de dieciséis y catorce años, respectivamente, tan preciosas como su madre, Antonella, nacida y educada en Boloña, y que intentó enseñarle italiano y sabe Dios cómo él acabó aprendiendo latín. De puro beato, seguramente."

jueves, 17 de diciembre de 2009

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JEFFREY EUGENIDES

Middlesex - 2002


8/10
[pompas]


"Ése era otro atractivo de los servicios del sótano. Estaban cubiertos de pintadas. Arriba, las fotos de clase mostraban filas y filas de caras de alumnas. Abajo eran todo cuerpos. Dibujados con tinta azul, había hombrecillos con gigantescos órganos sexuales. Y mujeres con pechos enormes. Además de diversas permutaciones: hombres con penes insignificantes, y mujeres con penes, también. Era muy instructivo, tanto sobre lo existente como sobre lo que podría existir. En el mármol gris, aquellos dispares grabados de cuerpos haciendo cosas, con órganos crecientes, encajándose, cambiando de forma, constituían una novedad. Aparte de chistes, mensajes para iniciadas, confesiones. En un sitio: "Me encanta follar". En otro: "Patty C. es una guarra". ¿En qué otra parte podría esconderse una chica como yo, que ocultaba al mundo un hecho que ella misma no llegaba a entender, en qué otro sitio podría sentirme más cómoda que en aquel reino subterráneo donde la gente escribía lo que no podía decir, donde manifestaba sus experiencias y deseos más vergonzosos?"

martes, 15 de diciembre de 2009

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ALBERT CAMUS

La peste - 1947


7/10
[mr. camping]


"La ciudad, en sí misma, hay que confesarlo, es fea. Su aspecto es tranquilo y se necesita cierto tiempo para percibir lo que la hace diferente de las otras ciudades comerciales de cualquier latitud. ¿Cómo sugerir, por ejemplo, una ciudad sin palomas, sin árboles y sin jardines, donde no puede haber aleteos ni susurros de hojas, un lugar neutro, en una palabra?. El cambio de estaciones sólo se puede notar en el cielo. La primavera se anuncia únicamente por la calidad del aire o por los cestos de flores que traen a vender los muchachos de los alrededores; una primavera que venden en los mercados.
(...)
Oyendo los gritos de alegría que subían de la ciudad, Rieux tenía presente que esta alegría está siempre amenazada. Pues él sabía que esta muchedumbre dichosa ignoraba lo que se puede leer en los libros, que el bacilo de la peste no muere ni desaparece jamás, que puede permanecer durante decenios dormido en los muebles, en la ropa, que espera pacientemente en las alcobas, en las bodegas, en las maletas, los pañuelos y los papeles, y que puede llegar un día en que la peste, para desgracia y enseñanza de los hombres, despierte a sus ratas y las mande a morir en una ciudad dichosa.
(...)
La felicidad llegaba a toda marcha, el acontecimiento iba más deprisa que el deseo. Rambert sabía que todo iba a serle devuelto de golpe y que la alegría es una quemadura que no se saborea"

viernes, 11 de diciembre de 2009

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RICHARD FORD
De mujeres con hombres - 1997


6/10
[mr. camping]


"Helen había hecho recientemente algunos desagradables comentarios acerca de lo entusiastamente dispuesto que él siempre estaba para el tipo de sexo en que ella era una experta: el “sexo de adultos”, como ella lo llamaba; otras veces lo llamaba “sexo sin necesidad de andar cogiéndose de la mano”. Pero posiblemente él no se prestaba a tal sexo tan entusiastamente como ella imaginaba. Las mujeres, quién sabe por qué, parecían haberse vuelto sexualmente insaciables. Una profesora de Económicas de Wilmot College con la que había tenido una aventura en la primera semana de desconcierto después de que Penny le abandonara, había expresado su necesidad de que follara con ella todo el tiempo, incansablemente, lo que a Matthews, la verdad, no le había agradado demasiado. Le había hecho sentirse inseguro. No hubo encuentro humano; ni siquiera deseo de que lo hubiera. Negarle algo a aquella mujer hubiera sido considerado por ella un feroz insulto. Las mujeres siempre habían podido decir “No”, o “Vayamos un poco más despacio”, o “No estoy preparada”…, lo que en su caso juzgaran conveniente. Y a los hombres se les pedía que les pareciese bien. Y ahora los hombres "no podían decir las mismas cosas sin que a las mujeres les “reventara” oírlo."

jueves, 10 de diciembre de 2009

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ROBERT LOUIS STEVENSON
El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde - 1886


7/10
[mr. camping]


"Al instante despertó en mí el espíritu del infierno, bramando embravecido. Con un arrebato de júbilo, vapuleé al indefenso cuerpo, saboreando con deleite cada golpe; y sólo cuando, en la cumbre de mi delirio, empecé a notar señales de fatiga, me sobrecogió súbitamente el corazón un frío estremecimiento de terror. Al dispersarse aquella niebla, me di cuenta de que mi vida estaba perdida y huí de la escena de aquellos sucesos, gloriándome y temblando a un mismo tiempo, satisfecha y estimulada mi ansia de mal, y más hondo que nunca arraigado mi amor a la vida. Corría a casa del Soho y (para redoblar la seguridad) destruí mis papeles; y luego salí a la calle, alumbrada por los faroles, con el alma preso del mismo y dividido en éxtasis, refocilándome en mi crimen, planeando atolondradamente otros, y sin embargo acelerando la marcha, al tiempo que ponía mis cinco sentidos al acecho de los pasos del vengador. Hyde tenía una canción en los labios mientras mezclaba la droga, que bebió brindando por el difunto. Apenas habíanse disipado las agonías de la transformación, cuando ya estaba Henry Jekyll postrado de rodillas, con un torrente de lágrimas de gratitud y remordimiento, alzando a Dios sus manos entrelazadas."