sábado, 11 de febrero de 2012

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JOSÉ SARAMAGO 
La caverna - 2000
  

8/10
[mr.kamping]


“Entonces tendrás que leer de otra manera, Cómo, No sirve la misma forma para todos, cada uno inventa la suya, la suya propia, hay quien se pasa la vida entera leyendo sin conseguir nunca ir más allá de la lectura, se quedan pegados a la página, no entienden que las palabras son sólo piedras puestas atravesando la corriente de un río, si están allí es para que podamos llegar a la otra margen, la otra margen es lo que importa, A no ser, A no ser, qué, A no ser que esos tales ríos no tengan dos orillas sino muchas, que cada persona que lee sea, ella, su propia orilla, y que sea suya y sólo suya la orilla a la que tendrá que llegar...

viernes, 10 de febrero de 2012

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MARCEL PROUST
En busca del tiempo perdido (VII) - El tiempo recobrado - 1927
  

10/10
[mr.kamping]


“La grandeza del verdadero arte, ése al que el Sr. de Norpois hubiera llamado un juego de diletante, es encontrar, captar, hacernos conocer esta realidad fuera de la cual vivimos, de la que nos vamos separando a medida que se hace más espeso e impenetrable el conocimiento convencional por el que la sustituimos, exponiéndonos a morir sin haber conocido esa realidad, y que se trata simplemente de nuestra vida. La verdadera vida, la vida por fin descubierta e iluminada, la única vida por consiguiente vivida de verdad, es la literatura; esta vida que, en un sentido, vive en cada hombre del mismo modo que vive en el artista. Pero los hombres no la ven, porque no buscan sacarla a la luz. Y de este modo su pasado está repleto de innumerables tópicos que son inútiles porque la inteligencia no los ha "desarrollado"

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MARCEL PROUST
En busca del tiempo perdido (VI) - La fugitiva - 1929
  

10/10
[mr.kamping]


““¡Mademoiselle Albertina se ha marchado!” ¡Qué lejos va el dolor en psicología! Más lejos que la psicología misma. Hace un momento, analizándome, creía que esta separación sin habernos visto era precisamente lo que yo deseaba, y, comparando los pobres goces que Albertina me ofrecía con los espléndidos deseos que me impedía realizar (y que, en la seguridad de su presencia en mi casa, presión de mi atmósfera moral, ocupaban en mi alma en primer plano, pero que, a la primera noticia de que se había marchado, ni siquiera podían enfrentarse con ella, pues se esfumaron inmediatamente), había llegado, muy sutil, a la conclusión de que no quería volver a verla, de que ya no la amaba. Pero aquellas palabras –“mademoiselle Albertina se ha marchado”- acababan de herirme con un dolor tan grande que no podría, pensaba, resistirlo mucho tiempo.

miércoles, 8 de febrero de 2012

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MARCEL PROUST
En busca del tiempo perdido (IV) - Sodoma y Gomorra - 1921-1922
  

10/10
[mr.kamping]


“Yo no amaba ya a Gilberta. Era para mí como una muerta a la que se ha llorado mucho tiempo, después vino el olvido y, si resucitara, ya no podría entrar en una vida que no está hecha para ella. Ya no tenía ganas de verla, ni siquiera ese deseo de probarle lo que no me interesaba verla, mientras que, cuando la amaba, me prometía cada día demostrárselo sólo cuando ya no la amara.

martes, 7 de febrero de 2012

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MARCEL PROUST
En busca del tiempo perdido (III) - El mundo de los Guermantes - 1920-1921
  

10/10
[mr.kamping]


“"Pues, mi querida amiga, que estaré muerto desde algunos meses antes (...)", respondió Swann sonriendo mientras el lacayo abría la puerta encristalada del vestíbulo para dejar pasar a la duquesa; "¿Qué está usted diciendo ahí? –exclamó la duquesa y deteniéndose un segundo en su marcha hacia el coche y alzando sus hermosos ojos azules y melancólicos, pero llenos de incertidumbre. Puesta por primera vez en su vida entre dos deberes tan diferentes como subir a su coche para ir a cenar fuera, y dar muestras de piedad a un hombre que se va a morir, no veía en el código de las formas sociales nada que le indicase qué jurisprudencia había de seguir, y como no sabía a cuál dar preferencia, creyó que debía hacer como si no creyese que la segunda alternativa  hubiera de plantearse, de modo que obedecería a la primera, que en aquel momento exigía menos esfuerzos, y pensó que la mejor manera de resolver el conflicto era negarlo- .Tiene usted ganas de broma", dijo a Swann. "Sería una broma de un gusto encantador –respondió irónicamente Swann-. No sé por qué le digo a usted esto; nunca le había hablado de mí enfermedad hasta aquí. Pero como me lo ha preguntado usted y ahora puedo morirme de un día a otro… Pero sobre todo no quiero que se retrasen ustedes; cenan ustedes fuera", añadió, porque sabía que, para los demás, sus propias obligaciones mundanas están por encima de la muerte de un amigo, y se ponía en el caso de ellos, gracias a su cortesía.

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MARCEL PROUST
En busca del tiempo perdido (II)- A la sombra de las muchachas en flor - 1919
  

10/10
[mr.kamping]


¿Me parecía tan hermosa quizá por haberla visto así, tan fugazmente? Puede ser. En primer término, la imposibilidad de pararnos junto a una mujer, el riesgo que corremos de no volver a encontrarla ningún día más, le infunden bruscamente el mismo encanto con que revisten a un determinado país la enfermedad o la falta de recursos que nos impiden visitarle, o con que reviste a los días que nos quedan por vivir la idea del combate en que de seguro sucumbiremos. De modo que si no hubiera costumbre, la vida debería parecer deliciosa a esos seres que estuviesen amenazados con morir en cualquier momento, es decir, a todos los humanos (...)A poco que oscurezca, y con tal de que el coche vaya aprisa, en campo o en ciudad, no hay torso femenino mutilado, como un mármol antiguo, por la velocidad que nos arrastra y por el crepúsculo que le ahoga que no nos lance, desde un recodo del camino o desde el fondo de una tienda, las flechas de la Belleza; esa Belleza que sería cosa de preguntarse si en este mundo consiste en algo más que en la parte de complemento que nuestra imaginación, sobreexcitada por la pena, añade a una mujer que pasa, fragmentaria y fugitiva.”

domingo, 5 de febrero de 2012

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MARCEL PROUST
En busca del tiempo perdido (I)- Por el camino de Swann - 1913
  

10/10
[mr.kamping]


“Mandó mi madre por uno de esos bollos, cortos y abultados, que llaman magdalenas, que parece que tienen por molde una valva de concha de peregrino. Y muy pronto, abrumado por el triste día que había pasado y por la perspectiva de otro tan melancólico por venir, me llevé a los labios unas cucharadas de té en el que había echado un trozo de magdalena. Pero en el mismo instante en que aquel trago, con las miga del bollo, tocó mi paladar, me estremecí, fija mi atención en algo extraordinario que ocurría en mi interior. Un placer delicioso me invadió, me aisló, sin noción de lo que lo causaba. Y él me convirtió las vicisitudes de la vida en indiferentes,  sus  desastres  en  inofensivos  y  su  brevedad  en  ilusoria, todo del mismo modo que opera el amor, llenándose de una esencia preciosa; pero, mejor dicho, esa esencia no es que estuviera en mí, es  que  era  yo  mismo. Dejé  de  sentirme  mediocre,  contingente  y mortal. ¿De  dónde  podría  venirme  aquella  alegría tan fuerte?  Me daba  cuenta  de  que  iba unida  al  sabor del  té y del  bollo, pero  le excedía en mucho, y no debía de ser de la misma naturaleza. ¿De dónde venía y qué significaba? ¿Cómo llegar a aprehenderlo? Bebo un  segundo  trago,  que  no  me  dice  más  que  el  primero;  luego un tercero, que ya me dice un poco menos. Ya es hora de pararse, parece que la virtud del brebaje va aminorándose. Ya se ve claro que la verdad que yo busco no está en él, sino en mí.